domingo, 20 de diciembre de 2015

Tuve un sueño

No lo anoté, pero lo recuerdo con claridad, como secuencias ordenadas y vívidas, inconfundibles, aunque incoherentes.

Lo anoto ahora sabiendo que al tratar de darle sentido falsearé algo; no se busca lógica en los sueños, en cualquier caso.
Lo que recuerdo como principio:
Bajo el agua. El mar, a gran profundidad.
El agua no es azul, ni verde, sino de un tono rojizo apagado.
Nado acompañada de sirenas; dos.
Sé que son sirenas, pero sin imagen, sin descripción que pueda aportar; no hay rastro en mi mente de su forma, pero sé que lo son.
Distingo diferentes caracteres personales en ellas.
Me hablaban en un lenguaje que yo entendía, pero que ya no recuerdo. Me contaban una historia, una serie de sucesos que yo debía conocer.
Sus formas translúcidas me inspiran confianza y simpatía.
Al dar por terminado el relato, me guían  y acompañan hacia las profundidades abisales, donde un vórtice anaranjado, en continuo giro absorbente, tras su despedida, me arrastra hasta depositarme sobre mi cama, donde lógicamente me despierto.
Tenían nombres, que no recuerdo, pero que de alguna forma me resultaban conocidos.
Al despertar, tuve la convicción de que lo que me explicaron era importante, aunque no recuerde el más mínimo detalle.
Puedo anotarlo como un sueño absurdo más.
Tenía el tubo sujeto entre mis pechos.
Mientras lo tuve, la sensación fue de realidad.
Al devolverlo a la mesilla, al salir a la calle hacia la universidad, el sueño se difumina y va derivando en  fantasía para estudio de psicólogo.
Hasta que se pierde en el trajín de la mañana…

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