domingo, 27 de mayo de 2007

Brigitte II


L a Editorial


¿Por qué soy tan desorganizada para ciertas cosas?

Mis apuntes son perfectos.

Sin embargo, cualquier cosa que no tenga que ver con los estudios pasa a un plano tan lejano que no soy capaz de mantener un mínimo de orden en mi vida doméstica. Supongo que me sucede como a esos doctores chiflados, geniales en su campo, pero absolutamente inútiles para la vida corriente. Salvando lo de genial, me siento así, no lo sé...

No sé tampoco si me apetecería que otra persona –un hombre- se ocupara de atender a todas mis necesidades, me adorara, me pusiera en un pedestal, babeara a mi paso, estuviera orgulloso de servirme...

Creo que no.

Preferiría un compañero, si es que eso existe.
Y sin embargo, voy camino de que esa sea la única opción: El catedrático aquel, tan atento y servicial, tan empalagoso, me desnuda con la vista…

Quizá cuando me vaya a Alemania las cosas cambiarán; quizá algún compañero de estudios, joven y formal, con intereses comunes; quizá no debería plantearme estas historias colaterales. Debo concentrarme en la beca.

(…)

¿Soy suficientemente atractiva? Estoy bien formada, quizá demasiado alta, pero debiera cuidarme más, mostrarme más interesante. Aunque en los ambientes en que me muevo ¿Para qué? ¿Para confundir a ese viejo verde? No me divierte. No me divierto.

¿Pero qué estaba haciendo? (Aparte de morder ahora, más bien lamer, este dichoso tubo...)

¡Ah, ya! La editorial.

Me deshice con tanta prisa de aquel DVD que, por alguna extraña razón ahora quisiera saber más de lo que contenía; no sé por qué, ahora lo relaciono con este chisme:

¡Fuera! ¡Ahí, detrás de la almohada!

Me va a crear mono...

(…)

Nada; ni un solo papel. Ni un resguardo de correos: pensé certificarlo, pero no veía motivo para el gasto; bastante molestia inútil me he tomado.

Debí haberlo tirado; haberme olvidado de él, usarlo para espantar a las palomas de la ventana, colgado de un hilo...

¡Qué se yo!

Entonces, ¿por qué tengo ahora necesidad de saber qué ponía en aquel escrito?

¿Qué es lo que busco exactamente?

Revuelve y revuelve, y nada; lógicamente.

¡Para! Reflexiona. Así, sentada en el suelo. Está frío: mejor sobre la cama. ¡
Reflexiona! (Pierde el tiempo, en lugar de preparar tu oposición; ponte los pantalones, para no notar tanto frío...) Así, mejor sobre la cama, tibia, blanda.

El tubo. Otra vez. Creo que es el culpable de este desasosiego. Esta cosa inerte y fría, que me sugiere, me sugiere...

¡Que busque en las páginas amarillas!

Pero yo no tengo el listado de Madrid, sino el de Salamanca.

¿Llamar a información? ¿Y preguntar qué?

¡Vamos maldito chisme! ¡Si eres la causa, habla!¡O te tiro por la ventana!

¡Así, frotándolo suave! Mirando al techo, para concentrarme en el blanco, en la bombilla...

(Me estoy volviendo loca: De tanto estudiar química orgánica; no me extraña, es una locura, la química. Más que la Alquimia,...)

Alquimia,... ¿Leí Alquimia? ¿Dónde?

En el índice: Casi lo único que miré, el índice,...

¿Por qué iba a mirar más, una vez comprobado que se trataba de una equivocación?:
Cuando vi la dirección; mi dirección. Es la misma dirección, la misma calle, el mismo número … solo que en Madrid.

(Esto va tomando forma. Basta presionar el aparato este...)

Mi dirección, en Madrid, y ¿qué más?

Bueno, una editorial y una dirección pueden ser datos suficientes para Google.

Mañana – si me acuerdo- lo miro en la biblioteca de la facultad. Me gustaría tener un portátil en casa, me gustaría tener una conexión a internet,... me gustaría tener dinero, en lugar de una beca de subsistencia...

Bueno, eso no tiene remedio ahora.

A dormir (a soñar).

Noto, nada más entrecerrar los ojos, bajo las sábanas, como las profundidades marinas me absorben; quiero nadar, volar, flotar...

Es agradable, el tubo sobre mi vientre, aprisionado entre mis manos, entre mis muslos, en posición fetal, se vuelve tibio, y húmedo...

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